UPEL-IPB

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Ensayo: La crisis en la sociedad venezolana

Desde el periodo de la colonización comenzó un fenómeno en nuestro continente que nos impulsa a pensar en los factores que han influido en el mismo, este es la crisis.

La crisis en el continente tiene sus principios a la llegada de los europeos; ya que el cruce de culturas generó un torbellino dentro de la sociedad aborigen de nuestra tierra. Las costumbres a ambos lados del atlántico eran diametralmente opuestas comenzando por la organización social, la economía y la religión entre otros.

La llegada de los españoles causo un revuelo en nuestros antepasados porque ellos querían cambiar sus costumbres, para así amoldar a sus necesidades todo lo que se hacía en nuestra tierra. En la organización social fueron forzados a adaptarse a un modelo muy distinto al que estaban acostumbrados, en la economía no tenían ni la menor idea de lo que ellos pretendían y en lo religioso los obligaron a seguir una doctrina a la cual no le tenían ninguna fe.

Esto fue fracturando sus costumbres y su cultura aborigen en esa época, teniendo como consecuencia un resentimiento que ha afectado nuestro desarrollo como sociedad hasta nuestros días.

Si nos dejamos llevar por la línea del tiempo, notaremos que esta adaptación forzada despertó un sentimiento de rebelión ante estas situaciones, ya que ellos no respetaban las divisiones sociales que existían en nuestro territorio y además se imponían como la figura de autoridad al mismo tiempo.

El despertar social que ocurrió en el siglo XIX en nuestro continente, sacudió nuestros sueños de libertad y de crecimiento independentista y a su vez nos conllevó a una transformación social que nos permitió observar nuestras deficiencias, derechos y necesidades. Recordemos que crisis en su concepto es el cambio brusco en el curso de algo, ya sea para mejorarse, ya para agravarse pero en si su esencia es el cambio.

Cuando nos sentimos obligados a hacer cualquier cosa en detrimento de nuestra voluntad esto genera crisis ya sea para bien o para mal y es ahí donde está el dilema moral. Para nuestros intereses en el siglo XIX, era más que necesario que ocurriera un revuelo independentista porque de otra forma en aquellos tiempos no existía otra solución, si hacemos memoria después del grito de independencia el cambio fue tal en la actitud ante las situaciones por parte de nuestros antepasados que su autoestima cambio , se sintieron capaces de hacer en aquel momento un proyecto de republica aún no teniendo la experiencia previa, pero cabe acotar que lo que más nos lleva a estados de crisis es la ambición y la falta de ética ante la solución de situaciones.
En el final de la vida del Libertador Simón Bolívar esta ambición llamo a la división nuevamente por parte de los interesados en acabar con su legado de unidad, con tal de satisfacer sus egos e intereses particulares. En esos momentos la falta de liderazgo por parte de los que creían en una sola nación suramericana unida, aunado a la enfermedad de Bolívar permitió que se destruyera este sueño.

En el gobierno de los hermanos Monagas se vuelve a sentir esa necesidad de libertad permitiendo la abolición de la esclavitud, pero como se acoto anteriormente lo que es moral para uno, no lo es para otros, en realidad ahora todos sabemos que esto era el deber ser, pero en su momento no era bien visto por la mayoría de la sociedad opresora hasta ese entonces.

Siguiendo en este orden de ideas tenemos que el gobierno (años más tarde) de Antonio Guzmán Blanco fue decretada la educación gratuita para todos, y esto no fue más que una buena intención; ya que se conoce hoy en día que fue una utopía en su momento pero hagamos un alto, hagámonos de nuevo la pregunta ¿Por qué? Y la respuesta será en su mayoría que es por los intereses creados. ¿A quién en aquel momento le convenía una sociedad culta? ¿Quiénes se iban a beneficiar de esto? Y por ultimo ¿Que ganaban o perdían los que poseían las luces del conocimiento en esa época? Estas respuestas nos llevaron a años de ignorancia gracias a la manipulación del conocimiento por parte de las personas que lo tenían.

A principios del siglo XX fueron descubiertos ciertos usos para riquezas que teníamos en nuestro territorio como los minerales, el agua dulce y el petróleo. Esto vino a crear nuevas maneras de oprimir mediante el ámbito económico a nuestro ya maltratado país, comenzaron a hipotecar nuestro futuro dando el poder (a cambio de dinero) sobre nuestras riquezas naturales , a países extranjeros que sabían cómo explotar tanto las riquezas materiales como humanas.

Esto genera un conflicto de intereses y al morir el dictador Juan Vicente Gómez, un vacío de poder sucedido por el general Eleazar López Contreras, que no fue más que una transición, hasta que por primera vez (aunque en poca escala) fue escogido por el voto el General Isaías Medina Angarita, y como siempre este cambio genero en nuestra sociedad de aquella época una crisis pero en este caso política. A muchos no les convenía que una persona tan “liberal” para su gusto tomara las riendas del país, por el contrario buscaban mantener el control de la situación y por eso le propinaron un golpe de estado.

Todo este paseo por la historia de nuestro país está hecho con la finalidad de hacer notar que venimos arrastrando desde la época de la colonia hasta nuestros días una crisis social, económica, cultural, ideológica, política moral y sobre todo una crisis ética.

En la actualidad el país vive una crisis ética que por cierto no sólo sucede en Venezuela sino también en otros países. Esta crisis en Venezuela no es nueva, ni original, ni tampoco sucede por primera vez en nuestra historia, ni en el devenir del hombre sobre la tierra. Si algún concepto caracteriza y tipifica en forma clara el momento y el problema, es lo que pudiéramos denominar “la crisis axiológica”, crisis de valores. Venezuela, que no es excepción en esta situación, vive una profunda crisis espiritual, causa y raíz de los otros males que a diario se mencionan y que no son sino secuelas y síntomas de la verdadera enfermedad: La ausencia de éticas. Es en síntesis, esta crisis de la ética, de la moral y de los valores la que genera inevitablemente “productos sociales” como: La droga, la corrupción, la proliferación del juego, el culto al dinero, el desborde a la propaganda del sexo y la violencia, el facilismo, el hedonismo y la irresponsabilidad que como nuevas plagas, corroen el tejido social impidiendo el sano desarrollo que el cuerpo colectivo del país tiene derecho a realizar.

Sin duda que el origen real de estos males debe encontrarse en el deterioro de la institución familiar; igualmente en el deterioro paulatino del sistema educativo donde el éxito fácil de la cantidad dejo a un lado la autentica formación y donde la excelencia, con las excepciones del caso, es, apenas, palabras huecas. La promoción de la cultura, la ciencia y el arte deben marcar el encauzamiento del proceso de mejoramiento humano por los senderos de la excelencia. Uno de los síntomas de mayor gravedad del desequilibrio social que nos afecta es el aumento acelerado de la delincuencia.

La abundancia mal administrada y la deformación de los valores que ello trae consigo han sido caldo de cultivo de todo tipo de delincuencia. El efecto demostrativo del enriquecimiento fácil y galopante (mediante la especulación, la corrupción, el azar, el robo de los dineros públicos), y la exaltación del consumo desenfrenado de bienes y servicios superfluos por parte de la propaganda, perturban la mentalidad de los jóvenes y los estimulan para buscar por la vía del asalto, el atraco y el robo lo que no pueden encontrar por vías normales y de esfuerzo propio.

El tráfico y consumo de drogas (peligrosamente extendido en los últimos tiempos) constituyen un poderoso factor de delincuencia. Pero no nos referimos únicamente a la delincuencia común, sino también a la denominada “cuello blanco”, de mano suave, encubierta, que se dirige a los negocios públicos y se manifiesta frecuentemente en fraudes al estado, cobro de comisiones ilícitas, tráfico de influencias, coacción remunerada, fijación de sobreprecios, entre otras prácticas, que casi nunca son castigadas. Lo anterior requiere de un combate frontal y enérgico. Sabemos que no es una empresa fácil pero tampoco imposible.

“Los principios de la economía sana se han equivocado en los últimos años. Esta crisis económica es, ante todo, un desastre ético". Michel Camdessus (Baiona, 1993), director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) durante trece años, hizo esta reflexión.

El Pensamiento Social Cristiano, que tuvo su desarrollo principal durante el siglo XX, sintetiza las reflexiones que la Iglesia ha elaborado acerca de las relaciones de la persona con la sociedad y la justicia social, en un momento en que la industrialización generó dos sistemas tan contrapuestos como el socialismo y el capitalismo.

La reciente historia económica manifiesta que la crisis de la que el mundo está tratando salir es un "monstruo de siete cabezas", que como le pasó a Hércules, sólo se podrá combatir si se acaba de una vez con sus siete ramas: la crisis de pobreza mundial, el cambio climático, la crisis del multilateralismo, la alimenticia, la energética, la financiera y la cultural.

En su disertación titulada El Pensamiento Social Cristiano ante los retos del mundo actual (Michel Camdessus), explicó la crisis financiera como una parábola: cuando en las aldeas tradicionales faltaban las referencias éticas, reguladoras e institucionales, quienes "se apoderaban del pueblo eran los pícaros, los que robaban las gallinas. Es lo que ha ocurrido en la aldea global, argumentó, en la que los líderes se negaron a regular la nueva esfera financiera y, sin reglas ni conciencia ética, crecen las carencias".

La más perniciosa de esas carencias es, a juicio de Camdessus, la falta de ética. "Sólo se puede explicar lo que ha ocurrido, indico el economista, si los comportamientos están arraigados en un contexto cultural en el cual el culto al dinero provocaba ceguera colectiva, en un mundo en el cual todo se estaba haciendo mercancía. En las últimas décadas los países desarrollados han dejado instalarse una cultura del ganar más para consumir más. El hombre se había reducido a su función exclusivamente económica, el consumo se estaba haciendo destino y la codicia se hizo políticamente correcta y se apoderó de nuestra cultura colectiva".

Teniendo en cuenta estas palabras de Camdessus, podemos hacer énfasis en que estamos siendo manipulados por parte de los gobiernos e intereses antiéticos, para así formar parte de un elaborado plan, en el cual no tenemos ni voz ni voto con respecto a nuestras decisiones morales y solo estamos colocados en este gigantesco tablero de ajedrez para cumplir una función, darle mediante nuestro consumo el poder económico a quien “escojamos” como producto.

La codicia está en el corazón del hombre, hay que cambiar de paradigma, por lo que es necesaria la búsqueda de un código ético común para construir una nueva sociedad global.

Los pilares de ese código están presentes en la mayor parte de las grandes religiones y pasan por el sentido de la responsabilidad y el de la solidaridad y a la vez estos pilares se difunden mediante la educación en valores que se pueda impartir.

Los retos de la educación en el siglo XXI, han llevado a las instituciones educativas a explorar diferentes formas de educar a un individuo de manera integral. Es por eso, que hoy en día se habla mucho de educación en valores y existen variadas y valiosas propuestas.

El término ética viene del griego ethos que curiosamente no indica reglas o normas, sino carácter, y el carácter se determina por lo bien que comprendamos cómo debemos vivir, por eso debemos entenderla como el hábito de vivir en congruencia con nuestra forma de pensar. La forma de pensar está grandemente relacionada con el carácter, éste se forja princi palmente a través del ejemplo. Los grandes pensadores emplearon esta manera de enseñar, así Sócrates enseñó a Platón y éste a Aristóteles. Se podría decir que nos parecemos a la gente con que nos rodeamos, no por lo que dicen sino por lo que les vemos hacer.
Se ha propuesto por muchos años, que la ética profesional se aprende mejor a partir del ejemplo del profesor. En nuestra profesión, este ejercicio se realizaría a través de una forma humanista de proveer el conocimiento, y así, el futuro profesional aprende a respetar el valor humano de su oficio, por medio del ejemplo del facilitador del aprendizaje.

Sin embargo, los cursos de ética, cuando los hay, no se extienden generalmente más allá de la formación profesional a nivel de licenciatura. Y mientras una gran cantidad de profesores son miembros prominentes y ejemplares de su grupo social, tanto en su vida profesional como personal y realizan su trabajo de una manera íntegra y reflexiva, difícilmente tomarían algún curso de ética. Tal vez lo que se requiera es un foro de discusión, más que una presentación formal de cómo deberíamos actuar, un espacio para platicar de forma abierta, donde podamos confirmar ante nosotros mismos, que un profesional de la enseñanza no se debe limitar a ser una buena persona, y que el hecho de no mentir ni robar nos convierte en “buenos”.

Debemos estar claros que no debe importar nuestra tendencia religiosa, política o ideológica para cumplir con nuestra función en la sociedad, que es formar personas capaces de poder desempeñarse en el área que hayan escogido, para cumplir de esta manera su rol en el entorno en el que se encuentran.

Lo importante es que tenemos que sincerarnos que la única manera de lograr un cambio radical en nuestra sociedad es mediante la educación en valores.
Esto hará que se desencadene una nueva crisis pero esta vez va a ser en función de un cambio social que sacuda todos lo malo que se encriptado en nuestro entorno, pero para lograr ese cambio necesitamos tener la voluntad de cambiar nuestros intereses personales y enfocarnos en lo colectivo como un gigantesco equipo, no es una tarea fácil, pero tampoco es imposible como lo exprese anteriormente.

El cambio está en nuestras manos y con las herramientas necesarias y la disposición podemos hacer la diferencia.


EDGAR ELIAS MUJICA GUTIERREZ
CI: 11267865

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada